Cambios necesarios en el sector de los productos almacenados en Colombia, con Feisal Quiñones, experto en seguridad alimentaria.

Algunas de las mayores amenazas para la seguridad de la cadena de suministro alimentario son invisibles para el ojo inexperto. Para Feisal Quiñones, descubrir estas amenazas ocultas antes de que sea demasiado tarde es su especialidad.

La trayectoria de Feisal en el control de plagas comenzó de forma indirecta en 2007, en el departamento de calidad de un importante productor agroindustrial de piensos para animales. Encargado de gestionar el control de calidad, pronto se sintió atraído por la identificación e inspección de insectos de productos almacenados (SPI). A lo largo de casi cuatro años, se especializó en la protección de alimentos a granel. En 2010, su especialización llamó la atención de Palmera Junior, donde asumió el cargo de coordinador de Gestión Integrada de Plagas (GIP). Hoy en día, respaldado por sus estudios de tecnología alimentaria, ingeniería agroindustrial y un máster internacional en control de plagas, Feisal aporta cerca de dos décadas de experiencia en el sector.

En Colombia, el sector de los productos almacenados se enfrenta a un fenómeno biológico particular que Feisal describe como un efecto «caballo de Troya».

«El reto fundamental al que nos enfrentamos es que existe una mentalidad limitada en lo que se refiere a la prevención en todo el sector», explica Feisal. «Los insectos suelen llegar dentro de los propios granos, y muchas especies clave se desarrollan completamente ocultas dentro del grano. Sin protocolos de inspección rigurosos y proactivos en el momento de la recepción, la amenaza se introduce directamente en las instalaciones de almacenamiento desde el primer día».

Esta vulnerabilidad se ve agravada por una insuficiente legislación local. Las normativas colombianas de control de plagas se han centrado tradicionalmente en los vectores de salud pública que transmiten enfermedades, dejando en gran medida insuficientes las normas específicas para las plagas de los productos almacenados. Esta falta de supervisión estricta de las sustancias altamente peligrosas que se utilizan para tratar los insectos de productos almacenados ha dado lugar recientemente a trágicas consecuencias mortales debido al uso indebido del gas fosfina, incluyendo el sonado envenenamiento de toda una familia en un hotel de San Andrés y un trágico incidente con menores en Bogotá causado por una aplicación inadecuada en un almacén adyacente.

Aunque existen métodos alternativos como los tratamientos de choque térmico y dióxido de carbono, Feisal señala que siguen sin utilizarse lo suficiente. Técnicas como la anoxia, por ejemplo, resultan ineficaces contra especies que se alimentan del interior, mientras que los procesadores de alimentos comerciales exigen continuamente métodos que garanticen una eficacia del 100 % en todas las etapas de la vida.

Debido a este complejo panorama, los conocimientos técnicos de Feisal lo han convertido en uno de los consultores más solicitados de la región. Asesora habitualmente a marcas alimentarias multinacionales—como Grupo Nutresa, Nestlé y Alimentos Polar—, así como a la federación nacional del arroz y a los principales fabricantes de piensos. Más allá de la consultoría corporativa, participa con frecuencia como ponente en foros, seminarios y webinarios nacionales, y colabora activamente con Invima, la principal autoridad reguladora y de seguridad alimentaria de Colombia, para ayudar a definir normas industriales más seguras.

Este nivel de influencia subraya la posición de Palmera Junior como líder de referencia en consultoría técnica. La empresa cuenta con una red nacional de entre 35 y 40 coordinadores especializados en GIP, impulsada por un equipo interdisciplinario de ingenieros agroindustriales, ambientales e industriales.

De cara a un futuro próximo, Feisal destaca que un cambio tecnológico y ecológico es necesario y no opcional. Desde la prohibición mundial del bromuro de metilo hace más de veinte años, la fosfina se ha mantenido como la única solución química ampliamente aprobada, una dependencia que debe cambiar.

«Tanto por la seguridad pública como por la conservación del medio ambiente, es imperativo migrar hacia metodologías más limpias y ecológicas», afirma Feisal. «Esperamos una profunda transición tecnológica en los próximos siete u ocho años, y Palmera Junior está plenamente comprometida con liderar este cambio».